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EDUARDO, UN SESENTISTA IRREEMPLAZABLE

Por Daniel Cieza (Profesor universitario-Consultor en SDH): Eduardo Luis siempre fue un militante apasionado y un intelectual brillante. Cuando nos deja, queda un espacio imposible de cubrir.

Perteneció a una generación que precedió a la de los 70. Fue un sesentista hecho y derecho, que empezó la militancia nacional y popular en la soledad política de la Facultad de Derecho de la UBA- típicamente gorila- y la continuó en la muy difícil tarea de defender presos políticos en los años de Onganía y Lanusse. En esta etapa se inicia como historiador, y publica con Ortega Peña textos muy agudos sobre el neocolonialismo y los caudillos del interior. Tambien convive con dirigentes sindicales e intelectuales de la talla de Hernández Arregui y John Willian Cooke.

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Lejos de las modas y del coyunturalismo, a mediados de los 70 editó junto a Rodolfo Ortega Peña la publicación más lúcida del momento, Militancia Peronista para la Liberación , cercana al Peronismo de base,  y acompañó a Ortega Peña en su difícil decisión de formar un bloque de Base en la Cámara de Diputados, cuando las contradicciones del movimiento peronista empezaban a agudizarse. Luego del asesinato de Ortega, a manos de las Tres A, Eduardo Luis emprendió la arriesgada tarea de construir una nueva organización , el Partido Revolucionario de los obreros argentinos(PROA), que es abortado por la represión asesina

En el exilio español, Eduardo Luis impulsa la CADHU, y desarrolla su teoría sobre el estado terrorista, que fue un aporte brillante al mundo intelectual.

De regreso al país, a mediados de los 80, funda la Editorial Contrapunto que significa un gran aporte al debate político-académico. Allí se puede ver que su enfoque nacional y popular ha sido enriquecido con sus lecturas de Gramsci.

A fines de los 80 emprende otra iniciativa política. Funda una agrupación llamada Izquierda Democrática Popular y dirige el diario SUR en alianza con el Partido Comunista. Desengañado de su breve experiencia de alianza con la izquierda tradicional vuelve a su trabajo intelectual y más tarde es designado Juez en el fuero Penal de la Capital Federal. Se destaca por sus sentencias trasgresoras y por desafiar a las mafias.

A fines de los 90 edita otro libro fundamental. Se trata de "El estado terrorista argentino, quince años después, una mirada crítica" En este libro, publicado por EUDEBA se plantea por primera vez que la última Dictadura tuvo un carácter cívico-militar y se denuncia la complicidad de políticos de los partidos tradicionales, periodistas, personajes de la cultura y empresarios.

Más de diez años después, el movimiento de derechos humanos, reivindica en sus consignas, este libro clave. Hoy se habla, sin lugar a dudas, de la Dictadura "cívico-militar".

A partir del año 2000 emprende una nueva utopía. La de respaldar un ignoto gobernador patagónico, Néstor Kirchner, en su sueño de llegar a la Presidencia.

Participa del grupo Calafate, y luego en la campaña del 2003, previa renuncia a su cargo de Juez. En ese momento, funda un nuevo partido, Memoria y Movilización Social, que luego adhiere al Frente para la Victoria.

Su labor como Secretario de Derechos Humanos es más conocida. Cuando lo designaron, nos dijo a algunos compañeros, que era como la Subsecretaria de Trabajo que recibió Perón, y que se podían hacer muchas cosas. Y Eduardo Luis hizo muchas cosas. Sin estridencias, logró que un pequeño organismo con 70 empleados se trasformara en una agencia clave de una política de estado, con presencia activa en todo el país, y con cerca de mil trabajadores. Logró tambien que las 24 provincias y decenas de Municipios crearan organismos públicos de derechos humanos. Proyectó la política de Derechos Humanos de la Argentina en el MERCOSUR y logró un fuerte reconocimiento internacional.

Mientas tanto, tuvo tiempo para escribir sobre la historia del grupo Clarín y de la Sociedad Rural y acompañar, en condiciones desiguales, algunos candidatos de su agrupación política en el interior del país. Tambien editó las obras completas de John Willian Cooke.

Uno de los dramas de la muerte de Eduardo Luis es que todavía tenía mucho que decir y que escribir. Sus más de 20 libros dejaron una obra muy aguda y original, pero inconclusa. Paradójicamente, las facultades y otros ámbitos de las ciencias sociales y jurídicas, a menudo convertidas en ferias de vanidades, parecen no haber notado su ausencia. Cosa distinta ha ocurrido con jóvenes de todo el país, que lloran la partida del Maestro.

El mejor homenaje es releer lo mucho que escribió y seguir su ejemplo

de militante integral, que nunca desvinculó la teoría de la práctica y siempre avanzó en forma creativa y transgresora en la difícil senda de la liberación nacional y social.

 

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