Provincia de Buenos Aires
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“LA FICCIÓN LITERARIA MUESTRA LA REALIDAD MUCHO MÁS Y MEJOR QUE LOS ENSAYOS Y LOS MEDIOS MASIVOS”

Entrevista a Ciro Annicchiarico, autor de la novela policial La trama Kandinsky - Una maldición bonaerense 

  Nuestro compañero Ciro Annicchiarico, abogado penalista, asesor jurídico de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación que llevó adelante varios juicios contra represores, entre ellos el último de la Megacausa Campo de Mayo en el que se lo condenó a Patti, además es escritor, amante del género policial. En octubre del año pasado la conocida Editorial Peña Lillo - Continente publicó su novela La trama Kandinsky - Una maldición bonaerense. Tuvo importante repercusión y quienes la leen, invariablemente la elogian, tanto que fue presentada en la Biblioteca Nacional, en el Archivo Nacional de la Memoria y en la ciudad de Rosario. Dado que el tema de la novela tiene bastante que ver con el problema de la inseguridad y con la corrupción policial, que son temas que preocupan a Memoria y Movilización Social, y también por tratarse de un compañero, Memoria del Sur decidió entrevistar a Ciro para este número. 

Seguimiento:

 

  -Ciro, así que también sos escritor. Contanos cómo es eso, ¿desde cuándo escribís? ¿Cómo llegás a la literatura?

 

 -Mirá, desde muy chico, la literatura es una de mis vocaciones. Tenía 11, 12 años y componía breves extractos de las novelas de la Colección "Bomba, el Rey de la Selva", de la Editorial Robin Wood. Era una colección de tapas duras, amarillas, difícil olvidarlo, parte de la biblioteca del colegio en el que terminaba mi primaria, y que por supuesto había leído completa. Con esos extractos, el colegio hacía un catálogo. Me acuerdo de títulos como "Bomba el niño de la selva", "Bomba y los pigmeos", "Bomba y la cueva maldita" o algo así... Era literatura juvenil.

 

  -Resumías cada novela...

 

 -Claro. "En este libro, Bomba debe enfrentarse con una tribu de pigmeos asesinos y arriesgará su vida...", cosas así. (ríe)

 

  -Se puede decir que te atrapó la literatura antes que el derecho.

 

 -Sin duda, aunque el derecho, particularmente el derecho penal, es mi gran vocación también. En mi quinto año del secundario, 1970, se empezaron a hacer los famosos test vocacionales. Me dio cien por cien literatura y cien por cien derecho. Cosa extraña. Ya entonces, con compañeros del colegio integrábamos en casa un taller literario, mezclado con compromiso político. Leíamos a Cortázar, Borges, Marechal, la poesía de Oliverio Girondo, a Jauretche, Hernández Arregui, a Perón, a Marx, Mariátegui, en fin, era una mezcla de lecturas. Discutíamos. Estábamos ávidos por conocer el mundo, el pensamiento social y político. Con ellos después dimos un salto y entramos en la militancia política concreta. Así que se puede decir que fue una secuencia más o menos encadenada, leer, escribir, militar y empezar a estudiar derecho, pero por acumulación...

 

  -Al final todo junto.

 

 -Por supuesto. Son todas vocaciones que siguieron estando juntas.

 

-¿Y dónde militabas en aquel momento, cuando empezaste?

 

-En el Peronismo de Base, en Quilmes. Esa fue mi primera militancia. En la agrupación política de Envar El Kadri, ese gran militante, tipos como esos son los imprescindibles.

 

  -¿Por qué en Quilmes?

 

 -Era la dictadura de Onganía, Levingston y Lanusse. Erróneamente llamada "dictablanda", porque si bien no fue la de Videla y demás genocidas, la verdad es que también fueron épocas de proscripción, de persecuciones, presos políticos y también de crímenes. Con nuestro grupo, todos de Lomas de Zamora, elegimos militar en la villa La Cañada y el barrio obrero de La Sarita de Bernal, partido de Quilmes, por una cuestión de seguridad. Un lugar donde no éramos conocidos. Imagináte que si íbamos a un barrio obrero de Lomas podía pasar que alguno dijera: pero mirá, este pibe ¿no es el hijo de fulano o de fulana, que trabaja en la Municipalidad?, o ¿no es el hijo del comerciante tal o cual? Eso nos hubiera complicado. Así que aprendimos a ser semiclandestinos en esa dictadura. Pero igual éramos muy inocentes, viajábamos en el 318 de Lomas a Bernal con banderas, pilas de volantes... (ríe)

 

  -O sea que en Lomas no militaste en aquella época, recién reaparecés en 1999 como concejal.

 

 -No, no, tuve varias actividades, inclusive en aquel momento, cuando estaba Lanusse, militantes del Peronismo de Base y de la JP nos pusimos de acuerdo para hacer una movida en conjunto en Lomas con motivo del anuncio del regreso de Perón en noviembre del 72. Tomamos la estación de trenes de Lomas...

 

 -¡Tomaron la estación! ¿Cómo fue eso? No me acuerdo de eso...

 

-Claro, qué te vas a acordar, eras muy pibe. Nada, seríamos unos veinte, treinta. A la mañana temprano, horario pico. Lleno de laburantes. Nos distribuimos en los andenes, como si fuéramos pasajeros esperando. A la hora arreglada un compañero agarró la campana, una campana grande de bronce que colgaba sobre el andén 4, no sé si sigue estando, y la tocó a morir. Era la señal. Empezamos todos a cantar la marcha peronista. Con bombo y todo. Se prendieron casi todos los que estaban esperando enserio...

 

  -Y qué pasó, ¿eso fue todo?

 

 -Estuvimos como diez minutos cantando, un estruendo. Hasta que cayó la policía, nos corrió, el del bombo fue el primero que cayó, obvio, yo logré subir a un puente y salir por la parte de atrás de la estación, pero me traicionó una baldosa torcida, me caí, me agarraron, me dieron unas cuantas trompadas y me subieron a una camioneta junto con otros compañeros. Recuerdo que un policía que nos sujetaba, mientras íbamos para la comisaría, nos decía tranquilos muchachos, tranquilos, para qué hacer quilombo, ya va a venir Perón, ya va a venir. Nos soltaron enseguida.

 

 -Volvamos a la literatura. Vos decís que escribís desde que eras casi un niño, pero publicás recién ahora. ¿A qué se debe?

 

 -Es cierto, dejando de lado varios libros y trabajos que publiqué sobre derecho procesal penal y sobre seguridad, esta es la primera vez que publico una novela, una novela policial de ficción. Pero siempre escribí literatura aparte de textos jurídicos. Muchos cuentos y poemas que guardo tienen que ver con aquella época de la primera militancia y de los primeros amores. Por supuesto, hoy los leo y no me gustan. Son de principiante, llenos de adjetivaciones, adverbios, frases hechas y faltos de técnica literaria. Los guardo por pura nostalgia. Eso sí, a veces los uso para sacar temas, como disparadores.

 

  -¿Y por qué recién ahora publicás una novela de ficción?

 

 -Mirá, aunque hace unos años mandé una novela con tema político, bastante surrealista, sobre la historia del FrePaSo, a un certamen de Página/12, el que ganó la escritora Aurora Venturini con Las Primas, lo cierto es que nunca me propuse seriamente publicar, hasta que dos escritores amigos leyeron los borradores de La trama Kandinsky, que escribí en 2008, y me alentaron para que buscara editor y la publicara. Me insistieron mucho: tenés que publicarla, tenés que publicarla. Uno de ellos fue Rodolfo Mattarollo, que quedó fascinado, hizo un análisis crítico muy elogioso, dijo que "La trama se inscribe en la gran tradición del realismo, ficcionalizando hechos reales mediante el sortilegio de una narración impecable", fueron más o menos sus palabras, excesivamente elogiosas. Así fue como decidí explorar la posibilidad. Entonces con la ayuda de una asistente di con Ediciones Continente, di con Jorge Gurbanov, uno de sus dueños, un tipo muy especial, un gran tipo, enamorado a tope con lo suyo, también un tipo comprometido a quien le interesó el tema.

 

  -Qué bueno. Es una suerte dar con un editor así. No es lo clásico, digamos...

 

 -No, claro. Lo clásico es la editorial empresa, el trato impersonal, el acuerdo en el que se pesan los parámetros de conveniencias comerciales. En este caso, si bien Gurbanov sopesó costos y esas cosas, claramente privilegió el contenido, o, si querés usar la palabra, mensaje de la novela, la puesta en tensión de una problemática real y actual, como es el problema de nuestras policías corruptas y nuestro sistema judicial complaciente, el sufrimiento de la gente como consecuencia de eso, abordado todo desde un hecho de ficción, pero que recrea una realidad completamente reconocible para cualquier lector.

 

  -Pero me contaron, Ciro, que hay algo más tras la decisión de publicar esta novela. La donaste.

 

  -Sí, decidí donarle a la víctima de un conocido caso de fusilamiento policial el producido de la venta de la novela. No de los derechos de autor sino el producido de la venta de la edición. La viuda del asesinado tendrá que afrontar gastos para ir ante la CIDH en Washington, y busqué ayudarla con algo. Esto también lo convenció a Gurbanov, aunque también se convenció cuando la leyó el y la leyó su correctora. La correctora de la editorial, una mujer muy preparada, quedó impactada, me mandaba mensajes...  Su ayuda también fue importante. Se juntaron las dos cosas.

 

  -¿El caso del que hablás es la Masacre de Wilde, verdad? Y la señora es Raquel, la viuda del librero Edgardo Cicutín...

 

  -Si, claro.

 

  -¿Cómo aparece el problema policial y judicial en la novela?

 

  -La trama Kandinsky - una maldición bonaerense, aclaro que no tiene nada que ver con el caso de la Masacre de Wilde, se desarrolla sobre la base de un hecho enteramente ficcional, que es el secuestro de un comerciante lomense y todo lo que sigue a partir de esa desgracia. Es una novela policial, pero no hay en ella el clásico detective privado ni el inspector de policía central. El que se hace cargo de la investigación es un abogado penalista, que se ve enfrentado a lo que los abogados penalistas nos vemos enfrentados todos los días en la realidad de nuestra provincia: corrupción e inoperancia policial, desvío de la investigación, una justicia inútil y muchas veces cómplice, y sorpresas insólitas, que no te voy a comentar porque le restaría intriga a la trama. La novela pegó, estoy convencido, porque las situaciones son enteramente reconocibles, son realistas. Todos los que la leen, abogados, funcionarios, estudiantes, personas comunes que alguna vez tuvieron la mala suerte de tener que hacer contacto con la policía o la justicia provincial, de una u otra manera se sienten inmediatamente identificados con algunos de los personajes o con algunas de las situaciones que componen la narración...

 

 -Pero además está muy bien escrita, es buena literatura, tiene un ritmo terrible, no da respiro. Yo la leí y por momentos me pareció estar leyendo a Chandler...

 

 -Bueno, me lo han dicho otros, me parece demasiado que me comparen con Chandler. Chandler fue un escritorazo, no solo de policiales, aunque como todo buen crítico de la realidad estadounidense fue eminentemente descriptivo, pero se quedó allí, sin profundizar en las causas de la corrupción de ese sistema. No obstante semejante comparación me queda muy grande. En todo caso me gustaría que alguien diga que mi novela pretende emular, apenas, la narrativa de Rodolfo Walsh, alguien nuestro a quien admiro mucho. Walsh fue un escritor argentino, que unió excelente literatura realista con militancia comprometida. Huelga la necesidad de fundamentarlo. Fue un precursor.

 

  -¿Aporta algo La trama Kandinsky a la situación actual en la provincia de Buenos Aires?

 

  -Mirá, diría que no solo a la situación de la provincia de Buenos Aires. En términos generales las corporaciones policiales que utilizan la función y su estructura en beneficio propio son un problema no solo bonaerense, sino de todo el país, y es más, diría que es un fenómeno universal. Entre nosotros, la bonaerense es la más grande y compleja, por la simple razón de la magnitud, entonces se ve más, incide más. Concretamente, para responder a tu pregunta, soy un convencido de que un paso importantísimo para que los grandes temas que afectan a las sociedades comiencen a encararse enserio y a resolverse, es que las sociedades afectadas incorporen de manera masiva los ejes centrales, las causas reales, en su imaginario, en su conocimiento y convicciones. Cuando la sociedad en su conjunto es la que puja, los cambios se producen. Podemos estar cien años viendo cómo los chicos son masacrados por el gatillo fácil policial y creyendo que eso pasa porque los chicos son malos; podemos estar cien años viendo como se roban cada vez más autos creyendo que eso pasa porque hay muchos jóvenes malos a los que les gusta tener autos lindos sin trabajar para comprarlos. En ambos casos vamos a estar cien años equivocados. Pero si de pronto algo echa luz y nos hace comprender el fenómeno de la autonomía policial como acuerdo espúreo entre políticos y cúpulas policiales, y comprender el fenómeno del negocio del circuito de reventa de autopartes ilícitas a través de los desarmaderos ilegales, del que participa como pieza esencial el sistema policial, con autorización expresa, no escrita, por parte de las autoridades políticas y la vista gorda del poder judicial, y todo eso empieza a ser internalizado de manera masiva por la sociedad, a formar parte de su imaginario, entonces allí sí las propuestas de cambio serio pueden hacer pie y cristalizarse. De lo contrario nadie te sigue. Entonces, qué quiero decir con esto, que cuando el problema de la autonomía policial con complicidad política y judicial solo está expuesta en los ensayos técnicos, en los libros de texto universitarios, esos esclarecimientos solo forman parte de las convicciones de los eruditos, de los profesionales, de círculos pequeños de intelectuales. Las sociedades, que son las afectadas, no participan, no siguen los discursos de los eruditos, por lo tanto no pujan con eficacia en sentido correcto, solo reclaman reproduciendo discursos mediáticos errados, eslóganes distorsionados por quienes están interesados en mantener la situación y no cambiarla. Por eso creo, estoy convencido, que el arte, en todas sus formas, y la literatura especialmente, tienen un enorme potencial para masificar la comprensión de los engranajes que mueven los conflictos de nuestras sociedades. Una bella canción que conmueve a cientos de miles tiene una potencia esclarecedora enorme. Pienso en Solo le pido a Dios, de León Gieco. Una novela policial en la que el autor se esmeró por escribirla bien, por hacerla atrapante, que de paso dice verdades a partir de un hecho de ficción, pero idéntico a cientos reales, que la llegan a leer miles de personas, tiene un efecto esclarecedor masivo infinitamente más potente que cualquier ensayo jurídico, técnico, sobre el sistema policial o la ley orgánica del poder judicial bonaerense, que los leen cinco eruditos que lo discuten con otros cinco eruditos, pero que después no saben explicarlo ni a sus familiares ni a sus amigos, y que para colmo además los medios masivos distorsionan. La ficción literaria muestra la realidad mucho más y mejor que los ensayos y los medios masivos.

 

  -Más que claro. ¿Escribiste algo más después de La trama...?

 

  -Dos novelas más, terminadas, inéditas. Son una saga de La trama... Con el mismo personaje, Ariel Giovenco, que sigue haciendo de las suyas, y escribiendo una cuarta...

 

  -¿Sigue también enamorándose de chicas? (ríe)

 

  -Claro, tiene que divertirse un poco también... (risas)

 

  -Aparte de esta saga, ¿qué otra cosa te gustaría escribir?

 

  -Me debo un cuento sobre la toma de la estación de Lomas... (risas)