Provincia de Buenos Aires
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IMÁGENES YUXTAPUESTAS DEL DOLOR

Por Eduardo Luis Duhalde: Estos días que hemos vivido pasarán así a la historia: el pueblo volvió a reescribir un nuevo 17 de octubre de 1945, aquel en que el subsuelo de la patria, sublevado, generó el más grande hito constituyente del siglo XX.

Es difícil, bajo el impacto traumático de la muerte de Néstor, escribir sobre lo que hemos vivido desde el 27 a la mañana. Sin la mínima distancia que permita ensayar una perspectiva histórica, tan sólo se agolpan en mi cabeza otras estampas que se me aparecen yuxtapuestas y que traídas desde la analogía del pasado argentino, como figuras de un rompecabezas, me permiten una aproximación a lo que estamos viviendo.


Seguimiento:

EL FUEGO SAGRADO

"Néstor no murió simplemente, él dio la vida por los demás", dice un sacerdote en el responso en la capilla de Río Gallego, donde tengo el inmerecido privilegio de estar entre las personas que rodean el féretro en la íntima ceremonia.
La salud precaria de su cuerpo, disimulada por la acción obsesiva del fuego sagrado que lo consume, desoyendo a los médicos, a sus familiares, y a sus amigos, galopando desbocado sus sueños patrióticos transformadores, de constructor del nuevo país, se me aparece yuxtapuesta con la estampa de Evita, descuidando su frágil cuerpo, postergando sus estudios médicos y su tratamiento hasta caer postrada, con sus interminables jornadas en el edificio de la hoy Legislatura porteña y en la Fundación, hasta las madrugadas, dando rienda suelta a su pasión por aquellos que nada tenían, los desheredados de esta tierra.
Vidas entregadas a esa pasión argentina, que no admitía pausas ni términos medios. Muertes presentidas y desafiadas, desde la convicción de que "morir por el pueblo es vivir".

EL DOLOR COLECTIVO
He estado presente en las tres mayores despedidas humanas que ha habido en la Argentina: la de Evita, la de Perón y la de Néstor Kirchner. La primera, como mis ojos de casi un niño, viendo el dolor de un pueblo ante la pérdida de la abanderada de los humildes. La segunda, compartiendo el llanto histórico por lo que significó su líder, como constructor de la etapa de mayor felicidad del pueblo argentino en su historia; la tercera, esta, la masiva despedida a Néstor con dolor y llanto desde el presente en marcha de una Argentina de pie. La lluvia en el traslado del féretro hacia Aeroparque, completa la alegoría de la gente corriendo a la par de sus restos, empapados, llorando para no dejarlo ir, como aquel julio de 1974.
Estampas que nos enseñan que no hay dolor más fuerte que el dolor colectivo, la sumatoria de todos los dolores.

UN HOMBRE ESENCIAL
Mientras ensayistas, periodistas y cientistas políticos y sociales, para enunciar las virtudes de este hombre esencial, buscamos en el arcón de las palabras desgastadas y vaciadas de contenidos por su uso inmisericorde de los que devastaron la Argentina incluyendo su lenguaje; la incesante marea humana trae la estampa viva de la memoria histórica: rostros curtidos de sufrimiento del Conurbano Bonaerense, los trabajadores sindicalizados de las dos centrales obreras, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, los oficinistas de traje y corbata, las amas de casa, los mozos de la Casa de Gobierno, los artistas y deportistas más notorios, los anónimo ciudadanos, los que la vida golpéo con sus discapacidades, millares y millares de jóvenes con su ropa de trabajo o sus carpetas universitarias, y en Gallegos, luego, los mineros de Río Turbio, todos van construyendo el discurso narrativo de la Argentina 2003-2010, contraponiendo la del pasado con la del presente. Y allí aprendemos todos: "Gracias Néstor, por devolvernos la dignidad", "Gracias Néstor por devolvernos la esperanza", "Gracias, Néstor, por devolvernos la Política", "Gracias Néstor, por devolvernos el trabajo", "Gracias Néstor por devolvernos la militancia", "Gracias Néstor por devolvernos la solidaridad", que se entremezclan con los que le agradecen la derrota de la impunidad y el olvido: "30.000 desaparecidos, presentes, ahora y siempre", junto a las voces quebradas por el dolor mostrando su orgullo recuperado de ser argentinos frente el hombre que enfrentó a Bush, y gritan "¡Viva la Patria!", "!Viva América Latina, unida!" (Agrego yo en voz baja: "Gracias Néstor por devolvernos la palabra.")

UN NUEVO 17: ¡FUERZA, CRISTINA!
Muchos de los que ayer nomás, denostaban y agraviaban a Néstor con los peores epítetos con que se puede descalificar a un hombre, hoy lo elogian tratando de medrar con sus lágrimas de cocodrilos, buscando el reconocimiento de quienes lloran de verdad su muerte. El pueblo no se engaña: sabe que el zarpazo del capital monopólico y de la patria sojera, está presto frente a la menor debilidad. También la sociedad sabe que aquellos, esconden bajo su mesa la botella de champagne con que festejaron en privado su muerte, en un remedo de aquel "Viva el Cáncer" con que celebraron la muerte de Evita.
Por eso el pueblo salió a la calle masivamente al grito de ¡FUERZA, CRISTINA!, convencidos, como decía Marechal que la Patria es un peligro que florece. Era mucho más, muchísimo más que una palabra de consuelo o un deseo desde el afecto. No era tampoco sólo el aliento para que continuara gobernando el país hasta el fin de su mandato, con la firmeza y el acierto demostrados hasta ahora. Reafirmaba su liderazgo ungiéndola jefa de la revolución nacional transformadora en marcha, consagraba la unidad indisoluble de Néstor y Cristina, y plebiscitariamente se encolumnaba tras su conducción para profundizar y asegurar el presente y la Argentina del mañana.
Estampa, inevitable que asocio sin rubor y con el convencimiento de que estos días que hemos vivido pasarán así a la Historia: el pueblo volvió a escribir un 17 de octubre de 1945, aquel en que el subsuelo de la patria, sublevado, generó el más grande hito constituyente del siglo XX. Ahora también, salió a la calle a parir un nuevo mojón de la Historia, reafirmando su condición de sujeto colectivo, y avanzó sobre la Plaza de Mayo como hace 65 años, para conjurar todo peligro, y decir que estaban allí, los hombres y mujeres con su adultez de todo signo, y los millares y millares de jóvenes que irrumpían en el presente con los sueños compartidos que aventaron los corazones de la generación del '70, y expresar así, en acto, junto a Cristina, las palabras del poeta latinoamericano: "¡Vamos Patria a caminar, yo te acompaño!".